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El Monasterio de San Isidoro del Campo se cae ante miradas pasivas.

    

    Para ponernos en contexto debemos entender que el Monasterio de San Isidoro del Campo pertenecía a la Junta de Andalucía hasta el 27 de marzo de 1990 donde esta firmó un convenio con la Fundación Casa Álvarez de Toledo, de la mano de D. Alberto Álvarez de Toledo y Mencos, convirtiéndose el Monasterio en un BIC de propiedad privada durante un plazo de 50 años.

En el artículo 8 de la Ley 4/86, de 5 de mayo, del Patrimonio de la Comunidad Autónoma de Andalucía, la familia en dicho convenio cedía a la Junta la posibilidad de usar la Iglesia de Alonso Pérez de Guzmán, la Iglesia de Juan Alonso Pérez de Guzmán, la Sacristía, la Sala Capitular y la Capilla de Reservado, el Claustro de los Muertos, el refectorio, el Corral de los Conejos y el Patio de los Naranjos. El artículo segundo nos dice que “el derecho de uso al inmueble referido deberá incorporarse al Inventario General de Bienes y Derechos de la Comunidad Autónoma de Andalucía, una vez efectuada la pertinente anotación en el Registro de la Propiedad, para su ulterior afectación por la Consejería de Hacienda y Planificación a la de Cultura, que lo destinará única y exclusivamente a funciones y actividades de índole cultural, religiosa, docente, de investigación y turística.” La cesión del Inmueble se efectuará como Anexo al presente Decreto en el artículo tercero. En el Convenio de Colaboración entre la Consejería de Cultura y la Junta y la Fundación Casa Álvarez de Toledo y Mencos para la ya mencionada cesión del uso del Monasterio, debemos señalar el tercer punto donde se habla sobre que la Fundación ya citada, inscrita como Fundación Privada de Servicio y Promoción desde el 2 de junio de 1989, como propietaria del inmueble está dispuesta a ceder el uso de las partes anteriormente citadas, por un plazo de 50 años a contar desde la fecha de reunión, 27 de marzo de 1990. Para asegurarse del cumplimiento de lo hasta ahora mencionado se instalaron una serie de medidas. La Casa Álvarez y Mencos cede por cincuenta años el uso de dependencias, como el Claustro de los Muertos o el refectorio entre otros, a la Comunidad Autónoma andaluza que acepta por el Decreto del Consejo de Gobierno con sumisión a los pactos contenidos en este convenio. La Consejería autorizará la celebración de todos los actos litúrgicos que tanto la Fundación como la Junta acuerden con el Monasterio siempre que estas cuiden el espacio. La Consejería se comprometió a hacerse cargo de las obras de restauración, rehabilitación y acondicionamiento del edificio y de los bienes que alberga en su interior, prestándole especial atención al Patio de los Evangelistas y a los Frescos. Así mismo, la Junta designará a los técnicos pertinentes para hacer restauraciones si estas fuesen necesarias.  Las zonas que fueron cedidas al uso de la Junta solo podrán ser destinadas a actividades culturales, religiosas, docentes, de investigación y turísticas. Los bienes muebles del Monasterio también son responsabilidad de la Junta durante los 50 años que dure el contrato; y si alguno de estos sufre pérdida o destrucción habrá que indemnizar a la Fundación. Si la Junta incumpliese las obligaciones que aparecen en el contrato de 1990, será devuelta a la Fundación la total posesión de todos los bienes que envuelven al enclave. Si por el contrario es la Fundación la que no respeta la totalidad del acuerdo, la Junta tendrá derecho a denunciar y la familia deberá hacerse cargo económicamente de los problemas causados, así como la Junta recuperará los bienes del Monasterio.

Pero el contrato nunca llegó a cumplirse, puesto que los Álvarez de Toledo se han desentendido del patrimonio. José Manuel Girela testificó en el ABC e hizo declaraciones tales como que la Junta llevaba invertidos unos 11 millones en el Monasterio y que esta no podía afrontar los otros 25 años venideros que les pertenecía a la familia anteriormente mencionada. Frente a esto la Junta ha decidido hacer con el Monasterio lo mismo que con otros BIC privados, como la Catedral o la Maestranza, cumpliendo la Ley de Patrimonio de 2007, que indica que los BIC de titularidad privada tienen que ser mantenidos por sus propietarios actuales. A esta Ley autonómica se le suma otra de carácter nacional, la 40/2015, que, en palabras de Girela, "regula el régimen del sector público y que modifica el marco legal de los convenios administrativos". A día de hoy la Junta pretende desligarse y no hacerse cargo de la gestión del monasterio debido a que el acuerdo firmado en 1991 ha quedado obsoleto por la Ley Andaluza de Patrimonio Histórico y la ley 40/2015 del Régimen Jurídico del Sector Público, mencionada anteriormente.  Pese a la mencionada postura que la Junta decidió adoptar, en 2018 destinará 143.000€ para el mantenimiento del monasterio.

Como mencionamos con anterioridad, partimos de la base de que el Monasterio de San Isidoro del Campo es un Bien de Interés Cultural, por lo cual deberíamos de entender que para la conservación y proliferación del mismo se necesitan unos mínimos de cuidados que tanto la Junta como sus actuales “dueños” deberían prestar.  Aunque según Girela, las leyes Andaluza de Patrimonio Histórico y la Ley 40/2015 de Régimen Jurídico del Sector Público han dejado antiguo el convenio de 1991, la Casa Álvarez y Mencos debería haber cumplido su obligación en cuanto la conservación del monasterio. A pesar de ello, el 80% del monasterio es propiedad de la administración autonómica y se exige a la Junta que no desatienda la gestión del mismo y lleve a cabo la restauración que el inmueble tanto necesita. Estas propuestas fueron llevadas a cabo por la Asociación Centuria Romana y Amigos del Monasterio de San Isidoro del Campo, los cuales, crearon una mesa de trabajo con gente implicada en la causa como colectivos culturales, expertos en la materia de la conservación y partidos políticos. Pero la Junta no está de acuerdo en esto, queriendo desligarse de la causa y relegando todo el “problema” a la Casa Álvarez y Mencos, quien, como es cierto, desde un principio debió hacerse cargo del BIC. No obstante, el cuidado de este BIC deja mucho que desear tanto en  restauraciones, muy necesitadas por el edificio a nivel arquitectónico y pictórico, así como a nivel turístico, pues ni siquiera el propio Ayuntamiento de Santiponce ofrece colaboración con el Monasterio. Ante este inaudito hecho, la Adepa, Asociación para la Defensa del Patrimonio de Andalucía, se ha pronunciado llegando incluso a insinuar que la hasta entonces Consejera de Cultura, Rosa Aguilar, debía dimitir ante su incompetencia. Tras la pésima gestión y el abandono de las instituciones hacia el conjunto, la situación se ha vuelto insostenible, puesto que se ha relegado a un segundo plano en el panorama patrimonial de la provincia de Sevilla.

         Y ahora tras este repaso por la gestión del Monasterio llegamos a la actualidad donde vemos que hasta ahora la situación no ha cambiado mucho y que las buenas noticias en este sentido serían no tener que leer noticias como esta: “Cinco firmas pujan por el contrato de la restauración integral del monasterio de San Isidoro del Campo”

https://sevilla.abc.es/provincia/aljarafe/sevi-cinco-firmas-pujan-contrato-restauracion-integral-monasterio-san-isidoro-campo-202010311132_noticia.html#vca=rrss-inducido&vmc=abcdesevilla-es&vso=tw&vli=noticia.foto

Antes de empezar quiero que veáis una foto de la planta del Monasterio donde en el recuadro rojo podemos ver lo que es visitable a día de hoy. Juzgar por vosotros mismos.





Si desde un primer momento ninguna de las partes que tenían que ocuparse del monasterio lo hubiesen abandonado no necesitaría restauración, sino una simple y natural conservación. Pero este siempre fue una joya olvidada. La familia Álvarez de Toledo y Mencos nunca se ha hecho cargo de las responsabilidades que conlleva tener un BIC a tu cargo y tampoco han sido capaces, según las fuentes, de coger las llamadas que la Junta le realizaba para hablar sobre él. Las cosas hubiesen sido quizás de otra manera si hubiese existido un diálogo y una cesión por completo a la Junta, ya que como sabemos fueron los responsables de la restauración de 2002 en la parte que justo estaba a nombre de la familia nobiliaria. Pero desde luego debemos mencionar que la gestión en la parte que a la Junta le correspondía cuidar no ha podido ser más deplorable puesto que hay imágenes que hablan por sí solas.

Fuente: El Correo

Fuente: El Correo

La alarma siempre estuvo ahí para quienes amamos este conjunto monacal, pero parece que no se hizo patente para la mayoría hasta que no se desplomó un muro que ni siquiera era parte del original conjunto. Sí, así de irónica es la vida. “Se desploma un tramo de la tapia de cerramiento del monasterio de San Isidoro del Campo"


Fuente: ABC



Tras esto Patricia del Pozo anunció que destinaría 4,1 millones de euros para la restauración total del monasterio y se prevé que durarían unos 27 meses, lo que no parece estar tan claro es cuándo llegará el primero de ellos. De los cuales 570.400 euros serían con urgencia destinados a la redacción del proyecto de conservación de la antigua almazara, el pósito, el almacén, la nave sur y el este del claustro de los jerónimos y su torre.







Fuente: Ayuntamiento de Santiponce


Fuente: Ayuntamiento de Santiponce


Fuente: Ayuntamiento de Santiponce

Fuente: Ayuntamiento de Santiponce

La última intervención fue, como dijimos anteriormente, en 2002 y desde entonces ha vuelto a ser el gran olvidado que fue antaño. El monasterio ha sufrido entre otros hasta un expolio en 2016 de 240 kg de paños de azulejería del artista Niculoso Pisano y su taller, y otros de los hermanos Polido según el profesor D. Teodoro Falcón, pertenecientes al siglo XVI, y todo eso en una noche. Con esto nos podemos hacer una idea la cantidad de gente y los sistemas de vigilancia que protegían el monasterio.

https://sevilla.abc.es/provincia/aljarafe/sevi-como-pudieron-robar-240-kilos-azulejos-san-isidoro-campo-201712071357_noticia.html

Fuente: Canal Sur



Fuente: ABC


Fuente: Asociación Niculoso Pisano


Y esta es la cruda realidad, que el turismo solo interesa cuando deja dinero, cuando se construyen pisos de turistas en lo que antes fue un edificio regionalista y cuando se llenan los bares. Pero cuando se habla de Patrimonio en mayúsculas como es este caso, parece que no duele tanto ver a un edificio de tanta importancia caer sin cesar. Y yo sé que diréis que existen otros muchos casos similares, pero entended que el que más me duela sea el que me ha visto crecer y el que estoy viendo morir.



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