En la década del treinta, el rey se habría de reconocer ya como un gran personaje entendido de las artes y uno de los más sobresalientes mecenas de arte del siglo XVII. Cuando el artista volvió a la corte el rey le concedió un taller del que él poseía una llave y en el que había colocado una silla para deleitarse viendo pintar al artista. El mecenas no tardó mucho en hacerle un nuevo encargo. El 17 de octubre de 1629 nació el heredero a la corona, el príncipe Baltasar Carlos y el rey le mandó a hacer un retrato del niño , al que ningún otro pintor había tenido honor de representar, entregándole 100 ducados para preparar el cuadro. Este retrato, príncipe Baltasar Carlos y un enano , es el que se encuentra en el Museo de Boston.