La
isla de los Faisanes sería la frontera oficial entre España y Francia y se
convertirá en el escenario del último trabajo que Felipe IV
encargaría al pintor. El acuerdo entre ambos países vendría de la mano del embajador Grammont que fue el que hizo la petición
en la corte para que se reuniesen ambas coronas. En
esta isla se levantó un pabellón franco-español expresamente para la boda de
María Teresa con Luis XIV, que se casarían en la iglesia de San Juan de Luz. Junto
a Velázquez trabajaría Charles Le Brun, enviado por parte de la corte francesa. Creó una programación y producción artística que
fuera ideológica, donde predominaron el dominio social, la política y la
religión los cuales se apoyaban en programas literarios y artísticos intentando
favorecer y crear un clima de acercamiento entre las dos familias. En el
proyecto
diferenció la temática según los espacios que fueran a utilizar cada uno de los
reinos pero manteniendo aun así una hegemonía en la representación. La sala de
visitas estuvo decorada por tapices que trataban la historia de Aníbal y
Escipión en las paredes y la fábula de Diana en el techo.
En el espacio reservado
a los franceses se creó una galería decorada con 22 paños que representaban la
historia de Cupido y Psique y ocho tapices en los que se volvería a representar
las historias de Aníbal y Escipión. En la primera habitación se usaron paños en
los que se representaron los meses del año, en la segunda pieza se usaron
colgaduras con flores de oro y seda, en la tercera la historia de San Juan
Bautista, en el pasillo veríamos tapices de las matronas ilustres y en el
retrete la pasión de Cristo.
La zona que
correspondía a Felipe IV y su corte estuvo decorada por escenas del Apocalipsis
y un techo decorado con flores de oro y tapetes entreverados con hilos de oro.
En los muros los triunfos de las virtudes, los pecados capitales y en la
galería la historia de Noé. En la primera crujía se dispondría la historia de
San Pablo, en la segunda veríamos las poesías y en la tercera las esferas. En
el pasillo se representaría la historia de Rómulo y Remo y en el retrete, al
igual que en el francés, la pasión de Cristo.
Además de lo
propiamente artístico desplegó un variado abanico de actividades tales como teatros, musicales y exhibiciones. Con
esto se conseguiría la paz durante algún tiempo, aunque los dos países se
verían nuevamente envueltos en otra guerra, la Guerra de Sucesión, aunque para
tranquilidad y sosiego del rey, esto sería después de que tanto él como su
artista perecieran.
Este sería el último
encargo que el rey realizaría a Velázquez, por lo cual la labor como mecenas de
Felipe IV cesaría aquí. No obstante no se acabó su relación, pues el pintor
seguiría siendo su aposentador hasta el 6 de agosto de 1660 que el artista
falleciera, sin llegar a ver culminado esta última empresa. Otro capítulo que
podíamos haber mencionado en la labor como artista, debido a la multitud de
cargos y relevancia que tuvo en la corte, podría haber sido la de escenógrafo y
decorador de teatros, pues como sabemos el reinado de Felipe IV estuvo marcado
por un sin fin de fiestas y espectáculos de gran magnitud. Pero el rey nunca
solicitaría a Velázquez encargos de este tipo, sino que lo dejaría a cargo de
artistas italianos que basarían su arte en estilos ilusorios y fantasiosos,
lejos del carácter realista de las pinturas de Velázquez. Lo más similar a esto
habría sido lo que acabamos de tratar en este apartado respecto a la Isla de
los Faisanes.
-LAFUENTE
FERRARI, Enrique. Velázquez, príncipes e
infantas. Editorial Gustavo Gili, S.A., 1962, p.11.
-GASTA, Chad M.
“The Politics of Painting: Velázquez and Diplomacy in the Court of Philip IV” Letras Hispanas, 3, 2006, pp. 2-20.
-SÁINZ, Luis
Ignacio. “La Isla de los Faisanes: Diego de Velázquez y Felipe IV. Reflexiones
sobre las representaciones políticas”. Argumentos
(México, D.F.), 51, 2006, pp. 147-170.
-DUQUE GIMENO, Aquilino. “La España de Velázquez”. Boletín de la Real academia Sevillana de Buenas Letras: Minervae Baeticae, 30, 2002, pp. 87-106.
-ARIAS DE COSSIO, Ana María. “Velázquez y el teatro”. Revista de arte, geografía e historia, 2, 1999, pp. 195-216.

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